Bebidas

¿Sabes distinguir entre un crianza y un reserva?

04/02/2016
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Los amantes del buen vino saben que en los restaurantes de celebraciones de Madrid no puede faltar una extensa carta. ¿Y tú? ¿Sabes distinguir entre los distintos tipos de vino que hay, es decir, entre crianza, reserva, gran reserva y los jóvenes?

Lo primero es trazar una clara línea divisoria entre los crianzas y los reservas. La cuestión es el tiempo que pasen en barrica. Los crianzas necesitan 12 meses en barrica y 12 en botella. Según lo que establecen los Consejos Reguladores, un reserva tiene que estar como mínimo 12 meses en barrica además de 24 meses de redondeo en botella. La finalidad de este proceso es que el vino se siga enriqueciendo por las sustancias que contiene el ambiente reductor de la botella. Por su parte, el gran reserva está 24 y después 36 meses en botella. La cosa también cambia en función del material del que estén hechas las barricas. En los últimos años,  el mundo de la enología ha empezado a experimentar por ejemplo con el roble americano o el francés.

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Nos quedan los vinos jóvenes que puedes degustar en muchos restaurantes para celebraciones de Madrid. Estos se comercializan en su primer o segundo año de vida. Es precisamente eso lo que hace que lo que prime al catarlos sea la frescura y los aromas intensos y primarios de la uva.

Nos centramos ahora en el arte de la cata de vinos. Se trata, como te puedes imaginar, de analizar las sensaciones que nos producen al degustarlos. No tenemos que ser expertos sumilleres para saber apreciar un buen caldo. Basta con seguir una serie de pasos para disfrutar de su sabor en toda su extensión. Todo empieza con la fase visual. En esta se descorcha y se vierte el vino en un decantador para oxigenarlo. Cuando lo pasemos a la copa es importante sujetarla por el pie para no calentar el vino. Nada más desconchar la botella, lo primero que hay que hacer en la cata es analizar el corcho. Debe estar ligeramente humedecido por el vino. Esto nos indica que la botella se ha guardado correctamente, es decir,  ligeramente inclinada.

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El vino se tiene que guardar en horizontal y ligeramente inclinado

A la visual sigue una base olfativa en la que se aproxima la nariz a la copa para comprobar que no hay aromas desagradables en el vino. Lo primero es oler el vino sin mover la copa para extraer los aromas más sutiles y después se balancea para que se desprendan los componentes aromáticos del caldo que estemos catando. En un vino hemos de percibir tres aromas: primarios, secundarios y terciarios. La tercera fase es la gustativa. En esta hay que tomar un pequeño sorbo que se hará pasar por toda la lengua. Al mismo tiempo, hay que aspirar aire con el vino en la boca y sacarlo por la nariz para oler de nuevo los aromas. En esta tercera y última fase se valora el ataque o primera impresión, el paso en la boca, el postgusto y el retonasal. Por último, se traga para que todos los aromas y sensaciones persistan en la boca. Obviamente, será más sencillo disfrutar de un vino si elegimos un restaurante con zona infantil en el que poder relajarnos mientras los niños juegan.

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